Bienaventuranzas para hoy
Jorge Daniel Zijlstra Arduin
(Puerto Rico-Argentina)
Este texto retoma el espíritu de las Bienaventuranzas (Mateo 5:1–12), no como
repetición literal, sino como actualización encarnada. Las palabras de Jesús, dirigidas
a quienes lloran, tienen hambre de justicia, trabajan por la paz y resisten la injusticia,
son aquí escuchadas desde las heridas, luchas y esperanzas de nuestro tiempo. No se
añade un nuevo mensaje: se deja resonar hoy la promesa antigua del Reino,
pronunciada una vez en la montaña y todavía viva entre nosotros.
Y así, como Jesús anunció entonces:
Que llegue la dicha a la gente que sufre y llora,
porque Dios quiere su consuelo.
Que vuelva la sonrisa a las personas empobrecidas que reclaman justicia,
porque su resistencia reivindica la dignidad.
Que la bendición alcance a quienes están sin trabajo
y aun así se levantan para seguir luchando,
sostenidas y sostenidos en la esperanza,
porque ahí está Dios.
Dichosas las personas que acompañan donde impera el mal,
porque en sus marchas late el Evangelio.
Bienaventuradas las manos que curan heridas,
porque sanan la trama de la historia.
Felices las vidas que construyen la paz,
porque con sus colores diversos
pintan un horizonte nuevo.
Así lo proclamó Jesús:
de ellas y ellos es el Reino de Dios
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